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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Cordillera

Desde hace un par de semanas que trabajo en Coya. Me quedo solo desde las ocho de la noche hasta las siete del día. El turno me resulta favorable pero, aún así, y pese a todo, el estar despierto cuatro madrugadas de corrido, cansa. Tu mente lo sabe. Tu cuerpo lo sabe. Joder, tu mujer lo sabe. 

Una de las cosas más positivas es que puedo escribir cuanto se me plazca, pues la exigencia es que realice rondas de cuando en cuando. En mi caso, es cada dos horas y hago algunas excepcionales cuando siento algún ruido extraño. Estoy en medio de una oficina llena de documentos administrativos y, a mi espalda, hay una pizarra con números y datos técnicos que no entiendo pero que sólo pueden referirse a temas eléctricomecánicos. Mi trabajo es estar al pendiente de que no entre nadie a las instalaciones, ni que se roben las herramientas, ni todo el cableado que contiene, por cierto, el preciado cobre que con todo el entusiasmo venden los adictos a la pasta base acá, en Rancagua. 

El trabajo este es parecido al que tuve en Chancón, también con el título de nochero y situación que me llevó a escribir la novela memorias, pero, a su vez resulta... distinto. Acá no estoy rodeado de árboles ni de bosques; sino que estoy rodeado de un perímetro enrejado y un portón principal y de inmediato tras de este, se asoma la carretera de Coya y, detrás, unos gigantescos cerros y, detrás, la Cordillera de los Andes. Es extraño pensarlo de esta forma, pero es que estoy a los pies de la cordillera. Existe un punto durante el trayecto al trabajo donde se ve parte de ella y en medio existe una especie de depresión que no es tal, sino que resulta maquinaria del hombre, maquinaria de la minera El Teniente, pero no merma en nada su belleza. Parece milagro, pues, ¿cuándo la imprudencia del humano favoreció el verde de lo hermoso? Ésta es una de las excepciones. Puedes oler el tufo a limpio, a pureza, pero a la vez sabes que estás rodeado de grasa y de mierda. Ante todo, es difícil de explicar la relación entre cáncer y felicidad.

Me quedo solo, y debo estar al pendiente de unos doscientos metros de terreno. La gente me saluda cuando me ven en los atardeceres y en el amanecer de los días, y eso lo agradezco. 

A veces pienso que trabajar de nochero es el mejor brebaje para escribir sin simular estar haciendo otra cosa que no sea trabajar.


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Oscuridad

Hace dos semanas vino el poeta Khal Ulloa de visita después de bastante tiempo. Llegó temprano y yo estaba durmiendo, aguantando la resaca por la tomatera de la noche anterior. El caso es que llegó golpeando la puerta de mi casa más fuerte que la mayoría del resto de los mortales; si hay algo que me desencaja es que venga alguien a golpear mi puerta (literal, golpear), así que me levanté soportando el dolor de cabeza y cuando abrí la puerta y lo vi a él susurré su nombre, evidenciando mi sorpresa. 

Fue al grano y tras entrar preguntó si sé donde venden marihuana. Me sorprendió porque pensé que venía por los tres libros que le tengo y que me prestó el día que lo conocí. Decir: obra completa de la poesía de Poe, la locura de un gentleman, de Perceval y, representando al país, el difícil de encontrar diez, de Juan Emar. 

Como dije, me sorprendió cuando preguntó por marihuana, no sólo porque apenas eran las once de la mañana, sino porque en mi inocencia de verdad creí que el hombre venía por sus pertenencias. Me senté así, con tufo maloliente y exhalando alcohol, a un costado de mi comedor e invité al poeta a que tomara asiento. No tuvo que decirlo, pero tenía ganas de volarse. Volarse a toda costa (título para un libro). No tuvo que decirlo, pero tenía ganas de volarse, volarse a toda costa, y pude notar que en su casa, allá en Machalí, no estaba ni su mujer ni su hijo. 

Me lo pensé y poco y fui sincero: no tengo idea donde venden, Khal, le dije. Tras un gesto de dolencia absoluta de su parte, intuí que, ahora sí, me exigiría sus libros, pero en vez de eso preguntó que qué he estado escribiendo. En ese momento la resaca, la caña de mierda, se reactivó con un poder de mil bombas nucleares de haber desechado ideas buenas y que siquiera fueron anotadas en un bloc de notas en mi escritorio, agaché la cabeza, y confesé:

-No he escrito nada desde hace ya un buen tiempo.

Es difícil decir estas cosas porque sientes algo parecido a la vergüenza, pero que no es tal cosa, puesto que el sentimiento este viene cargado con inusitada culpa. Culpa que golpea en contraste con los momentos oportunos, aquellos momentos de ocio, y que sabías, realmente sabías, que estabas jodiendo en cualquier huevada, menos en aportar algo al mundo. 

Pero el Khal, mi amigo y negro poeta de lentes y boca ancha y chueca, fue comprensivo y dijo algo que si bien no fue un intento de consuelo, terminó siéndolo una vez que cerró la puerta. Sus palabras decían algo que hablaba de la comprensión que me tenía, de que también él (acaso todos) pasamos por esa oscuridad. En serio, dijo oscuridad. Y es que oscuridad era la palabra exacta de mi tiempo absurdo de no hacer nada. Cuando lo vi desaparecer sentí un empujón, un envión anímico como dijese la jerga futbolera, pero de eso pasaron dos semanas -como dije al comienzo- y aún no escribí una mierda. Recién ayer me llegó otra invitación para participar en un concurso rancagüino y, si bien fue otro motivo de lanzarme, siento que tampoco basta. 


domingo, 6 de septiembre de 2015

Hitler y sus años

2.19 a.m.

Sin saber porqué, desperté recordando una sucesión de eventos que, rápidamente, finalizaron en el diario de vida que mantuvo Adolfo Hitler mientras estuvo preso en Landsberg, verano de 1924. Allá, por el 2001-2002, mi prima Katty se había casado hace poco con un alemán, hijo de un  astrónomo quien (en ese entonces) hubo descubierto algo que parecía imprescindible para la ciencia. Era lo que decía mi nuevo primo político, Wolfgang. Quizá, con el paso de los años esté tergiversand0 los acontecimientos respecto a su padre, pero lo cierto es que algo en el espacio descubrió. A día de hoy, no recuerdo haber ido a otro casorio. De ésta última confesión no saco conclusión alguna. Quizá, me he juntado demasiado tiempo con gente demasiado correcta o -entiéndase- incorrecta. Arrendaban una enorme casa en Providencia, avenida Suecia, en Santiago. Daba la casualidad que a la vuelta de la esquina vivió el entonces presidente Ricardo Lagos, lo que indica el cambio socioeconómico por el que pasó mi prima. Tuvieron juntos dos hijos, sobrinos que poco y nada veo hoy en día. Lo importante es que desperté recordando que un día le pedí a Wolf un libro. El que me pasó fue Mein Kampf, Mi Lucha, de Hitler. Yo debí tener unos quince años, quizá más. Lo seguro es que no pasaba de los dieciocho. Al fin, con mi hermano nos vinimos a Rancagua de vuelta y yo olvidé entregar el libro. Las vacaciones de ese verano terminaron y yo ya había comenzado la lectura del libro, asombrado a tal punto que lo comencé a llevar al liceo (el Óscar Castro). En una oportunidad, mientras esperábamos a nuestro profesor de castellano, Miguel Ángel Sepúlveda, el llamado Picapiedra, saqué el libro de mi mochila y seguí en la lectura de Hitler. Siempre tuve cierto rechazo a sentarme en las mesas de atrás, por lo que optaba desde la mitad hacia adelante. Fue entonces que llegó el profesor e, inmediatamente, me preguntó que qué mierda estaba leyendo. Así. Tal cual. Me puse de pie y le llevé el libro a sus manos. Miró la portada, sus colores. Pasó sus manos gruesas por él, manos que parecían expertas por las muchas vivencias y luego buscó mi mirada, con un gesto extraño que me resulta imposible describir hoy. Préstamelo, luego te lo devuelvo, dijo él. Yo solo asentí y volví a mi mesa. 

Como era de esperar, el libro nunca más lo vi. Pasados los años, a veces, he pensado que el profesor consideró que yo era muy joven para estar leyendo el diario de Hitler y sus ideas. Quizá, con quince años, me vería fácilmente influenciado hacia el nacionalsocialismo y él lo sabía. Así que me robó el libro. Si algún día me lo topara en la calle, le contaría esta inolvidable experiencia para mí (experiencia que para él no debe ser tal, pues no creo que siquiera la recuerde). No le daría las gracias, solo se lo contaría. Quizá, algún día leo ésto. A día de hoy, no he ido a comprar jamás Mi Lucha aun cuando la venden a un precio mi accesible en los libros usados. Ahora sí podría leerlo con un neutralismo y sin esperar nada del texto, más que un poco de historia y sacar conclusiones vagas de la mente de Adolfo. 

2.58 a.m.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Blogging como ejercicio

Acabo de escoger como etiqueta "Cigarros", pero es para que no se pierda la entrada en realidad porque no tengo plata para comprar una cajetilla. Tampoco quiero crear una etiqueta del tipo "pensamientos" o "huevadas"; mucho menos quiero improvisar hoy.

No sé en qué termine esta entrada, pero quiero reflexionar un poco sobre el blogging como fuente de inspiración -definición que intento evitar-. Una terapia más.

Anoche, tras llegar de Machalí, me calenté con buscar templates para el blog. Algo renovado, que le diera enfoque más al texto que a la presentación o las imágenes. Había unas opciones que captaron mucho mi atención, así que bajé los archivos respectivos y me puse a experimentar. Estuve horas, pero no quedé conforme con nada; volví a lo minimalista que he sido siempre con el estilo que le he dado a mis blogs desde que comencé en ésto. No me arrepiento de haberlos eliminado, pues me costó entender que escribir de tu intimidad es mala mezcla si quieres pensar en escribir. Me iba en volada personal, luego fui anarkista. Hoy, un híbrido de malos hábitos.

Así que ahí estaba yo, con el OST de Total Recall, la nueva, con Collin Farrel, y de repente se me vino a la cabeza esta mujer heroína, guerra de batallas campales y terminé escribiendo la primera parte del relato anterior a lo que usted está leyendo ahora. Es curioso, ahora que me declaro un hombre soltero, he dedicado más tiempo que nunca a la poesía. Yo, que de alguna forma siempre le he hecho el quite, hoy por hoy las palabras brotan simplemente porque sí y ocupo el tiempo en poesía. La prosa me acomoda, pero he descubierto en versos una profundidad desconocida. No en lo leído; sino, en mi arte mismo.

martes, 4 de agosto de 2015

Taller biblioteca Santiago Benadaba

Ayer terminó el taller de literatura al que comencé a asistir hace ya casi dos meses. ¿Conclusiones? Vale la pena mencionar que el primer día solo hubo una mujer (una señora entrada en edad, la verdad), sin mencionar a la monitora, Daniela. También había un niño de no más de trece años que, según el director de la biblioteca, pasa metido ahí porque le fascina leer, un estudiante de sicología, un vendedor de diarios en un kiosko, un señor llamado Carlos con la cara plana y gestos duros (lo mejor que tenía era su sensual mujer, que se apareció justo el día que terminó el taller), un hombre que sufre de depresión y fue reo durante casi un año -sin mencionar que padece de sida-, un anciano muy simpático ex profesor de castellano y yo. El sicólogo y la señora nunca más volvieron a aparecer, de modo que, de ahí en más, solo fuimos hombres y yo pasé a ser el menor. Se formó un grupo de personas amigables, pero el taller en sí no me estaba trayendo nada nuevo a mi prosa. Digo ésto porque, desde hace un tiempo a ahora, me he convencido cada vez más que los talleres literarios no sirven para nada más que ir a compartir un rato con escritores, a oírse,  conocer aventuras nuevas y lamentos de otros. Pero tu literatura en sí no mejorará más por lo que practicas allí, pues es mucho menos de lo que escribes en casa, encerrado en tu cuarto. Otros, muchos, confunden estos espacios para formar migas con otros individuos -buenas migas-, y a muchos les puede funcionar pero no a mí. Esta veta del escritor solitario es para mí la patente que tengo tatuada; de pronto me desquito con los artistas por considerar no tener amigos, sino conocidos.
 
El otro día hablaba de ésto justamente con una amiga que tengo de España. Comprendió a la perfección, de hecho pensamos parecido, que la definición de amistad es muy profunda para considerar a alguien como tal. Es más, quisimos enviar un reclamo a facebook para que hiciera la distinción entre agregar a "amigos" y a "conocidos", a sabiendas de que yo y ella en la primera categoría no tendríamos a nadie. Y, dicho ésto, me confundí ahora mismo, al principio de éste párrafo al llamarle amiga. Mi conocida de España. Seguro que se le dibuja una sonrisa cuando lea ésto (saludos Irene).

La monitora del taller nos entregó a cada unos libritos hechos del corazón de la artesanía con los relatos escritos cada lunes. Gesto que agradezco. 

No volveré a asistir a un taller. En vez de éso, se me ocurrió que tres de los asistentes al taller de la biblioteca podrían venir a mi casa y comenzar uno yo mismo. Seré más libre, pues podré tomar cerveza y fumar a mi antojo. Quién sabe, quizá solo duren un lunes...


domingo, 26 de julio de 2015

Dime que quedan dos, por fa...

En lo alto de un castillo, hay una linda princesa, que es custodiada por un terrible y gigantesco dragón...
 
 
POWER METAL

El protagonista llega al castillo en un caballo blanco alado, escapa del dragón, salva a la princesa, se van lejos y hacen el amor.
TRUE METAL

El protagonista llega al castillo y vence al dragón en una batalla utilizando su espada. Bañado en la sangre del dragón, lo hace con la princesa.
THRASH METAL

El protagonista llega al castillo, pelea con el dragón, salva a la princesa y le hace el amor.
HEAVY METAL

El protagonista llega al castillo en una Harley Davidson, mata al dragón, se aspira un par de líneas con la princesa y después lo hacen.
FOLK METAL

El protagonista llega con varios amigos tocando el acordeón, alaude, violín, y otros instrumentos extraños. El dragón se queda dormido de tanto danzar, y luego se van... sin la princesa.
VIKING METAL

El protagonista llega en un navío, mata al dragón con un hacha, lo cocina y se lo come. Viola a la princesa, saquea el castillo y le prende fuego a todo antes de irse.
DEATH METAL

El protagonista llega, mata al dragón, se le tira a la princesa, la mata y se va.
BLACK METAL

Llega de madrugada, en medio de la neblina, mata al dragón y lo empala frente al castillo. Sodomiza a la princesa, la corta con una daga y bebe su sangre en un ritual antes de matarla. Después descubre que ella no era virgen y la empala junto al dragón.
GORE METAL

Llega, mata al dragón. Sube al castillo, se tira a la princesa y luego la mata. Después de esto se lo vuelve a hacer. Quema el cuerpo de la princesa y se le tira de nuevo.
DOOM METAL

Llega al castillo, ve el tamaño del dragón, se deprime y se suicida. El dragón se come el cadáver del protagomista y después se come a la princesa.
NU

Llega al castillo y se jacta de lo bueno que es peleando y de que es capaz de ganarle al dragón. Pierde miserablemente y queda hecho mierda. Huye y encuentra a la princesa, le cuenta su trágica infancia. La princesa lo cachetea y se va a buscar al protagonista de "Heavy Metal". El protagonista "Nu" se toma un Prozak y se va a grabar un disco de "The best of".
ROCK N'ROLL CLÁSICO

Llega en una moto fumándose un porro y se lo ofrece al dragón, que resultó que era su amigo. Luego acampa con la princesa en la parte más apartada del jardín, y después de mucho sexo, drogas y rock n' roll, tiene una sobredosis de LSD y muere ahogado en su propio vómito.



PUNK

Le tira una piedra al dragón y huye. Pinta la "A" de anarquía en un muro del castillo. Le hace un peinado tipo "mohicano" a la princesa y abre un kiosko de fanzines en el pasadizo del castillo.
PROGRESIVO

Llega, toca un solo virtuoso de guitarra de 26 minutos. El dragón se mata de tanto tedio. Llega donde la princesa y toca otro solo explorando todas las técnicas de tonos y compases aprendidas en el ùltimo año en el conservatorio. La princesa huye buscando al protagonista de "Heavy Metal".
HARD ROCK

Llega al castillo en un convertible rojo, acompañado de dos rubias pechugonas y tomándose una botella de Jack Daniels. Mata al dragón con un cuchillo y luego hace una orgía con las rubias y la princesa.
GLAM

Llega al castillo. El dragón se ríe tanto al verlo que lo deja pasar. Entra al castillo, se roba la laca y el lapiz labial de la princesa. Luego convence al dragón de pintar el castillo de rosado y hacerse unos rayitos.
El GOTICO

Llega todo de negro hablando de lo bonito que sería morirse cortándose la venas x el camino, cuando llega al castillo se encuentra al dragón y piensa que es super siniestro así que se cuelga del árbol más cercano para demostrar que él es mucho más.

domingo, 14 de junio de 2015

Estrellas de Lima


De la primera vez que fui a Lima recuerdo el cansancio y las náuseas. Fui por amor, claro. Y el amor se vio puesto a prueba en consecuencia con la paciencia y los estragos, más allá de todo lo disfrutable que puede ser, con todo lo que significa viajar durante dos días en bus. Era un bus de lujo, color negro -"¡cholo soy, y no me compadezcas!" y líneas amarillas, de dos pisos. Asientos semicama, por supuesto. Cuando dejé Santiago no sentí nada, pero anterior a eso; o sea, cuando dejé Rancagua, en un momento me giré y vi la que en ese entonces era mi casa. No pasó por mí, como quien dice, el arrepentimiento sino, más bien, tuve una experiencia de dejar la vida antigua y renacer en algo más. Y tras día y noche de viaje ininterrumpido, llegamos a la frontera. No había vuelta atrás. Podía, claro, bajarme inventando que mi palidez y el mareo eran producto de mis ganas de vomitar, pero quería llegar a Ella. Faltaba otro día entero. No recuerdo la hora, pero el sol estaba presente cuando pisamos Tacna. Las películas en la televisión fueron interrumpidas entonces por un puñado de videos musicales del mismo grupo musical. Eran el hit del momento. ¿Qué era lo que estaba oyendo? Era música tropical por cierto, era cumbia, pero era tan distinta... No. Distinta no es la palabra, diríase que era cumbia peruana. Cumbia Serrana. Las melodías eran un boletín informativo de instrumentos que conocía, pero que no había oído en éste género musical. Si hasta suena como música oriental, concluí tras breves segundos -cincuenta y nueve segundos, para ser exacto. Y entonces me atreví a alzar la mirada por segunda vez, ahora decidido a no quitar la vista. Eran cuatro o cinco señoritas de piel chola, algunas de pelo oscuro, una que otra lo tenía dorado, todas con la misma vestimenta: minifaldas de vivo color rojo y botas con tacones, que les llegaban hasta las rodillas. Y cómo se llaman, pregunté al amigo que me acompañaba desde el día anterior, en el asiento del lado. Corazón Serrano, respondió. Entonces tomé actitud como de que poco me importaba, pero tras treinta minutos de oír eso, a cualquier extranjero le gusta. O al menos descubre ya los posibles cambios de ritmo, y juegas a eso, a adelantarte a la música. Pronto, mis piernas seguían el ritmo y, despreocupado, admiraba la belleza de las señoritas que cantaban y hacían coreografía al mismo tiempo con seductores movimientos de caderas.

Llegada la noche, me zampé la mitad de la tira de clonazepam que llevé; no sirvió de nada, no pude dormir. Llegaría temprano al día siguiente al terminal del mall, o, como le llaman los hermanos peruanos centro comercial Plaza Norte. Es agradable pensar que no solo el acento allá es más neutral, sino que se rehúsan -por así decir- a hacer el descarado copy paste que hacemos los chilenos para con el inglés. ¿Escribí copy paste? Shame on me. 

Estaba en Lima al fin, y ella me llevó a un restaurante chino, un chifa. Nunca fue la mejor anfitriona en ello, y ciertamente no estaba pintada para guía turística. Comí ceviche luego, claro. Un montón. Lima fue la ciudad de la que me enamoré. Sigo amando a Lima, y la extraño cada día por no estar allí. La música y el libro son meros artículos que compras con cien soles, y si algo me parecía caro simplemente iba al centro y pasaba por El Hueco, y adquiría todo vía piratería. Se pudrió todo ahí hay un policía, le dije a mi cholita un día. No te preocupes que está comprando películas, respondió. Ahí comprendí la magnitud de la diferencia de culturas. Acá el arte era un derecho adquirido por obligación. Algo a lo que el ciudadano, si de esa forma lo quería, podía acceder por una ganga. Y en mi país se debe sangrar para obtener una medalla de cultura. No pude sentirme más libre. Aquél era uno de los momentos más felices de toda mi vida. Estaba en El Callao. Estaba en Miraflores. Estuve en Barranco, y fue acá donde comprendí por qué Vargas Llosa se sentaba a escribir. ¿Así, quién no? Pero yo, todo lo que escribí en mi año y medio en la ciudad que me acogió fue un par de garabatos, memos para no olvidar, fotos como ésta, para descubrir que el clima siempre es igual, que la cerveza siempre fue Pilsen, que las calles son historias que llevo tatuadas en mi corazón, que la literatura es un instrumento más.

Luego volví a Rancagua. Arrendé un par de piezas, arrendé una casa... y si el destino es un par de ruedas en retrospectiva, estoy escribiendo sentado en la misma mesa, la misma casa, la misma calle de hace tres años.

Cholo soy

y no me 

Compadezcas...



jueves, 11 de junio de 2015

Un cigarro #1

Un hombre que es impedido de hacer lo que ama queda fugado de su alma, cual sufrido escritor que se queda sin una hoja en blanco donde dibujar ladrillos; cual actriz porno que se queda sin sus miembros.

viernes, 20 de marzo de 2015

El escritor que enferma

Me enferma el escritor que dice haber escrito el libro que le hubiese gustado leer
Me enferma el escritor que asiente cuando no comprende
Me enferma el escritor que da propaganda a sitios que nunca visitó
Me enferma el huevón débil e ignorante
Me pudren los esquemas
Me pudren tus géneros vacíos pasados a naftalina y a mierda
Me pudren tus subgéneros minimalistas que, a la larga, son ficción
Me pudre que sean podridos

Me enferma el escritor que publicó porque su familia es adinerada
Me enferma la escritora española bella que publicó por ser muy bella
Me enferma la crítica incombustible que queda en nada
Me enferma que el escritor dedique más tiempo a tomarse fotos que a escribir
Me pudre que Rancagua, en su génesis, sea tan podrida
Me pudre que me digan que si escribo no lo parezco por la pinta
Me pudre que me digan que si escribo escriba cosas románticas
Me pudre el e-book 

Me enferman los libros de edición podrida
Me enferman los escritores que creen que, por ser escritores, son inteligentes
(son huevones, huevones)
Me enferman esas personas que sólo compran libros nuevos
Me enferma que en éste país de mierda el libro sea caro
Me pudre la mujer ignorante
Me pudre el saludar de mano cuando no te interesa saber el cómo están todos
Me pudre Isabel Allende y su traición al español
Me pudre, me pudrí y renací.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Cáncer

No hay mejor escritor que el que gusta de leer. Proverbio curioso y cierto, pero no resulta menos cierto que leer no asegura buena prosa, casi como que tampoco escribir ladrillos asegure calidad. La literatura tiene éstas aristas cancerígenas, putas por lo baratas y básicas, pero reinas de buenas políticas por lo sofisticadas de las mismas.

El escritor no debería basarse en otras obras para la suya propia, sino buscar la senda de lo que no se tiene. Lo desconocido es, siempre, lo más grato de encontrar.

lunes, 2 de marzo de 2015

Memorias Nocturnas #1

Éste lugar es, pese a la cercanía, muy distinto. A la distancia, en dirección al mar, puedo ver las casas blancas que se imponen en lo alto del verde dentro de todo lo verde que son estas montañas y cerros. Los ruidos me resultan ajenos, y me miran como un invasor. Éstas son sombras aun más negras que las que conocí, y el terreno tiende trampas pacientes en el tiempo; trampas que esperan por mí. 

Hay un mensaje grabado en dos muros de los que me rodean. Resultan idénticos: tómalo con calma. 

El vértigo se apodera de mí. Quizás, sea mi mente planeando trucos. Quizás, no sea truco alguno y fue la advertencia del, todavía, anónimo ladrón. Pero, ¿qué podría llevarse? ¿Una novela del tamaño de un ladrillo escrita por un gringo gordo? ¿La sencilla y nada atractiva libreta donde escribo estas escabrosas líneas? He llegado a la conclusión de que el intruso no es de la ciudad, sino un huaso; un campesino. Quizá, caza conejos. Quizá, ratones. Si no tengo suerte (cosa probable, según el recuento de mi vida) entrará y querrá invadir mi territorio. Territorio que, es importante recalcar, me ve como un forastero.

miércoles, 23 de abril de 2014

Soy Deforme


1 - Porque tomo clonazepam.
2 - Porque bebo y me tomo hasta las molestias.
3 - Porque veo filmes gore mientras como tallarines.
4 - Porque las entradas de mis cejas-frente son griegas, pese a tener descendencia portuguesa, mapuche y española.
5 - Porque soy demasiado paciente y cuando exploto en ira, lo máximo que sale de mi es un grito inexplicable, parecido a un "¡Arrgh!"
6 - Porque uso drogas auditivas, aun conociendo la estupidez.
7 - Porque, estando en Lima, comí anticuchos con las manos.
8 - Porque tengo una extraña fijación sexual con los tacos altos en las damas.
9 - Porque caigo bien a las personas.
10 - Porque entro con Drunna en mano al baño.

viernes, 28 de octubre de 2011

De libros viejos y reseñas para la memoria

De vez en cuando, nacen las ganas de leer alguno que otro libro donde se sabe, por tincada quizás, que no estará en una librería donde las estanterías están llenas de novedades, sino que estará en otro tipo de librería; una de esas donde sólo hay libros usados, libros clásicos, viejos y muy viejos.  Y lo mejor es que siempre están a un precio muy económico (cosa que se agradece, pues leer en Chile es caro y pareciera ser que de aquel pensamiento cliché terminamos resignados a ellos como si no hubiera más remedio).


Rancagua, dispone de muchas de estas tiendas de libros usados. Se diferencia de Santiago puesto que allá, en una calle, es posible ver infinitos libros de toda clase. En cambio acá no. Aparte de la Calle Estado, donde debe haber unas cinco librerías de corrido, el resto se encuentran muy separadas unas de otras. Pero si tiene tiempo y paciencia usted se dará cuenta que son muchas. 

Hace un par de días, en una de aquellas librerías que parecen desiertas por ser la única de una de las calles del Centro, decidí pasar a mirar libros usados. Para mi sorpresa, descubrí que el dueño era muy amable y un hombre de familia. Terminamos conversando de literatura, de terror y ciencia ficción como con pocos he hecho durante mi recuerdo. De pasada, me contó que él ha escrito un par de libros pero que siempre fueron de bajo tiraje, cosa a la que según él, no le daba demasiada importancia puesto que había descubierto que el leer, así como escribir, resultaba ser un placer culpable que pretendía ser transmitido, pero que jamás importó la proporción de sus lectores pero que, en efecto, sí importaba que existieran en algún lugar.

Tras esa conversación, que terminó siendo como si hubiésemos sido amigos de toda la vida, me recomendó un par de libros. Llegamos a un acuerdo que me convenía por donde lo mirase y me los traje a mi casa sin poder disimular la pequeña sonrisa que se dibujaba en mis labios.

Uno de ellos me llamó poderosamente la atención, y todo partió por una pequeña joyita que descubrí en las primeras hojas: la pequeña introducción de Carlo Fabretti a las antologías del libro llamado, así sin más, Ciencia Ficción 4 (1971, Editorial Bruguera).

Estoy en la portada de Wattpad

Hace poco me llegó un mensaje de uno de los administradores de Wattpad con la noticia de que una de mis obras, sacrificio, está en la SECCIÓ...